
Lidia Varbanova
“Capital Europea de la Cultura” (CEC) es el título que otorga la Unión Europea a una ciudad por un período de un año. Durante este tiempo, a la ciudad se le ofrece la oportunidad de mostrar su vida y desarrollo cultural en una amplia plataforma europea e internacional. Un buen número de ciudades europeas ha aprovechado esta oportunidad para transformar visiblemente (y, en algunos casos, completamente) su infraestructura cultural, impulsar la economía local, atraer a turistas y mejorar su visibilidad en el exterior [1].
Las directrices de la CEC recomiendan a las ciudades que tengan en consideración cuatro cuestiones clave al optar al título:
Ya en 1991, los organizadores de las Ciudades Europeas de la Cultura crearon la red Capitales y Meses Culturales de Europa (ECCM). Con sede en Luxemburgo, la red permitió el intercambio y la difusión de información, principalmente entre los organizadores de los acontecimientos. En 1994, la red elaboró uno de los primeros estudios exhaustivos sobre el impacto de las Capitales Europeas de la Cultura desde su creación.
En diciembre de 2006, se fundó en Pécs, Hungría, la University Network of the European Capitals of Culture (UNeECC), inspirándose en la idea de que a las universidades y los centros de educación superior con sede en las Capitales Europeas de la Cultura les sería de gran ayuda utilizar esta plataforma para estimular nuevas formas de colaboración institucional académica y educativa.
Las ciudades, organizaciones culturales y muchas instancias gubernamentales han invertido mucho a nivel individual en Programa de las Capitales Europeas de la Cultura desde que éste se lanzó en 1985. Las propias ciudades y expertos externos también han estudiado y analizado, desde muchos puntos de vista diferentes, el impacto de esta inversión y los beneficios a corto y largo plazo que han generado estos importantes años culturales. De especial interés para LabforCulture es el efecto catalizador de las CEC a nivel local y regional así como la implicación de las organizaciones culturales pequeñas y medianas y los gestores y sus públicos en la planificación y la implementación de estas iniciativas clave.
Entre nuestras áreas de interés figura el impacto sobre:
Los parámetros de evolución, identificados en los recursos de la CEC que han sido objeto de mapeo por parte de LabforCulture están en su mayoría relacionados con la economía, el turismo, el marketing, las infraestructuras y los efectos sociales y culturales. A continuación se citan algunos ejemplos extraídos de varios recursos:
Los primeros recursos de las CEC (antes de 1990) no tenían muy en cuenta los parámetros económicos. La elección de Glasgow como CEC en 1990 propició una nueva tendencia en los estudios relacionados con los efectos sobre las ciudades, subrayando la importancia del desarrollo económico y la mejora de la imagen. En los últimos años, las Capitales de la Cultura se han convertido en motores fundamentales del desarrollo económico y la regeneración urbana. Y, en los últimos tres o cuatro años, muchos autores se han interesado por el impacto de los programas de las CEC en la economía, el turismo y el marketing [2].
Sólo existen ejemplos esporádicos para medir los efectos de la designación como CEC en los cambios organizativos y de gestión en el sector cultural de la ciudad, como: la mejora de la fuerza organizativa en el sector cultural; la confianza en la capacidad de las organizaciones artísticas y culturales; la contribución a la “curva de aprendizaje” de organizaciones culturales; el estímulo de la creatividad local; mejora de las capacidades de gestión de los líderes y del personal que trabaja en el sector cultural; el desarrollo global de la capacidad institucional, y la adquisición de conocimientos de marketing para atraer a públicos diversos.
El actual mapeo de recursos no identificó recursos que contuvieran un análisis exhaustivo centrado en una ciudad (o análisis comparativo) de los efectos intangibles “suaves” de una CEC como: el refuerzo del orgullo local; la mejora del sentimiento de comunidad, cohesión y pertenencia; la movilización de los residentes; los niveles y herramientas de conexión entre actividades culturales locales y públicos diversos, y el diálogo intercultural.
En las evaluaciones y estudios finales tampoco se identifica como un parámetro el cambio en las herramientas, modelos, patrones y “volumen” de cooperación cultural entre comunidades locales de toda Europa como resultado de las actividades de las CEC (excepto en el capítulo sobre Cooperación Regional incluido en el informe final de Luxemburgo 2008).
La mayoría de los recursos reseñados están relacionados con la evaluación de ciudades a título individual. Uno de los primeros informes de evaluación fue elaborado por J. Myerscough et al. para medir el impacto de la designación de Glasgow como Capital Europa de la Cultura en 1990 [3]. El informe de 2001 de GiannaLia Cogliandro evalúa las fuerzas y debilidades de la cooperación de las CEC, utilizando esta experiencia para facilitar el desarrollo y la implementación de redes culturales en Europa [4]. Oporto (2001), Salamanca (2002), Graz (2003), Cork (2005), Sibiu (2007) son algunas de las ciudades que han hecho un buen intento para evaluar la experiencia resultante de ser una CEC.
Este mapeo de investigación muestra que no se dispone de una investigación centrada en los efectos de las capitales culturales en la vida social y cultural de la ciudad, en el desarrollo comunitario y en los parámetros relacionados con la cooperación cultural internacional. De las obras, artículos y artículos de investigación sólo se pudieron extraer respuestas parciales a estas preguntas.
También se echó de menos un análisis comparado hasta que se estableció en 2000 el grupo de investigación sobre capitales culturales ATLAS, cuyo objetivo era llevar a cabo investigaciones sobre una base transnacional. La investigación comparada de ATLAS supone el primer informe de una serie de estudios sobre las Capitales Europeas de la Cultura. Dicho estudio proporciona una base para la investigación cualitativa de los efectos de las CEC [5].
Un artículo de investigación de 2005 a cargo de B. Quinn et al. pretende identificar cualquier legado derivado de la designación de Cork como Capital Europea de la Cultura 2005 [6]. Una de las conclusiones de este informe es que “veintiocho de las organizaciones estudiadas declararon que su implicación en el Año se tradujo en la formación de nuevos vínculos con otras organizaciones, la mayoría de las veces dentro del área de Cork, pero también en otros puntos de Irlanda y del extranjero”.
Entre 2002 y 2005, G. Beatriz llevó a cabo, desde el Centro de Investigación de Políticas Culturales de la Universidad de Glasgow, un proyecto de investigación sobre el legado cultural a largo plazo de Glasgow 1990.
Un punto de inflexión en la investigación relacionada con las capitales culturales lo marca el estudio de Robert Palmer de 2004 “European Cities and Capitals of Culture” encargado por la CE. El estudio evalúa las perspectivas económicas, de visitantes y sociales de las CEC durante el período comprendido entre 1994 y 2004, a raíz de un estudio de evaluación previo de las CEC del período 1985-1993.
El estudio señala los seis aspectos básicos por los que una CEC necesita tener una dimensión europea:
Estos aspectos están indirectamente conectados con nuestra área de investigación de interés actual: “el impacto de las CEC en la cooperación cultural entre comunidades locales”. El mapeo actual no identificó ningún recurso o análisis comparado en el que estos aspectos se evalúen coherente y sistemáticamente.
El informe de Palmer subraya un número de factores críticos e importantes para el éxito de una Ciudad Europea de la Cultura, entre los que figuran: la implicación local; el partenariado; la planificación a largo plazo; los objetivos claros; la financiación suficiente, y la voluntad política. El estudio subraya claramente que: “Los objetivos sociales no fueron la mayor prioridad para la mayoría de CEC, aunque casi todas incluían proyectos con objetivos sociales. Muchas CEC también desarrollaron proyectos para crear oportunidades culturales para grupos sociales fuera de la cultura mayoritaria de la ciudad (‘inclusión cultural’). Lo más habitual fue que las iniciativas estuvieran destinadas a la gente joven, las minorías étnicas y a personas con discapacidades. Un grupo reducido de CEC estructuró su programa alrededor de esos objetivos. Pocas CEC desarrollaron proyectos para alcanzar logros meramente sociales (‘instrumentalismo cultural’)… Sin embargo, se evaluaron poco los impactos sociales que permitirían llegar a conclusiones fiables. Una mayor evaluación podría ser particularmente útil en esta área ya que los proyectos sociales ofrecen un potencial importante para las CEC para crear iniciativas a largo plazo”.
Basándose en los resultados del informe, la CE elaboró recomendaciones y posteriormente modificó los trámites para seleccionar y hacer un seguimiento de las CEC y para dar más importancia a los componentes culturales y europeos.
El reciente estudio sobre el impacto de la elección de Sibiu (Rumanía) como Capital Europea de la Cultura a cargo de G. Richards e Ilie Rotariu (2007) examina los perfiles de los visitantes según el origen, el estatus profesional, la motivación de la visita, la experiencia de los visitantes, las características del viaje, el gasto de los visitantes y muchos otros aspectos. El análisis demuestra la generación de un gasto importante por parte de los visitantes en Sibiu y la mejora de la imagen de la ciudad. Sin embargo, los visitantes estaban un poco menos convencidos de los impactos sociales, como la creación de cohesión social y la mejora de la calidad de vida. Dado que este tipo de impactos es menos visible a corto plazo, esto no es ninguna sorpresa.
El informe más reciente de Palmer [7] subraya algunas importantes tendencias de programación de las CEC: programación estacional, programación plurianual y dimensión europea de los programas. En el informe se subraya el criterio de “Parternariado Regional” como un procedimiento de selección importante para optar a la designación de CEC (a consecuencia del tamaño cada vez menor de las ciudades candidatas).
El segundo requisito clave para que una ciudad se convierta en una CEC –“implicar a la ciudadanía e integrar la cultura local”– es lo que menos se evalúa en los trabajos e informes de investigación. No queda claro hasta qué punto los grupos y comunidades culturales locales se implicaron en el respectivo año de la CEC, por qué medios y en qué tipo de programación. A pesar de todo, existen algunos ejemplos esporádicos en los recursos mapeados:
Uno de los informes más exhaustivos sobre las CEC es “Luxembourg and Greater Region, European Capital of Culture 2007” (2008). Entre las características de la evaluación analizadas en este informe figuran: el desarrollo cultural; la participación cultural; el marketing y la comunicación; los efectos del turismo, y los efectos económicos. El capítulo 11 del informe hace especial hincapié en los efectos sociales, en particular: el desarrollo de públicos, la cohesión social (relacionada con los inmigrantes, los jóvenes, acceso a los actos, etc.). Y el capítulo 12 está dedicado a las características y tendencias de la cooperación regional:
“El éxito de los proyectos transfronterizos se debió a varios factores:
Una iniciativa prometedora es Impacts 08, una iniciativa de investigación conjunta de la Universidad de Liverpool y la Universidad John Moores de Liverpool para evaluar los efectos sociales, culturales, económicos y medioambientales de Liverpool Capital Europea de la Cultura 2008. La importancia de esta iniciativa es el intento de “desarrollar un ‘modelo de investigación’ para evaluar el impacto múltiple de los programas de regeneración impulsados por la cultura que puedan aplicarse a los acontecimientos de todo el Reino Unido y del exterior”.
Otro estudio de investigación reciente se centra en Stavanger 2008 (Noruega) que llevarán a cabo la Universidad de Stavanger y el Instituto de Investigaciones Internacionales de Stavanger (IRIS). Parece que este estudio es el primero que intenta identificar las conexiones entre los actos de las CEC y la vida local de sus ciudadanos.
Otro desarrollo reciente en este campo es el nuevo Centro de Documentación de Atenas sobre Capitales Europeas de la Cultura, cuyo objetivo es reunir toda la información pertinente relativa a las CEC del pasado, actuales y futuras. Se ha reunido material procedente de más de 35 ciudades que fueron Capitales Europeas de la Cultura, siguiendo un cuestionario de información en las siguientes áreas: contexto socioeconómico, histórico y cultural; la experiencia del año cultural (objetivos, problemas con los que se enfrentaron, resultados); programas artísticos; programas sociales; publicaciones (catálogos, boletines informativos, etc.); infraestructura cultural (equipamientos existentes y creación de nuevos), y evaluación.
Tenemos la esperanza que los resultados de las investigaciones del centro y los nuevos estudios sobre Liverpool y Stavanger proporcionarán nuevos puntos de interés sobre la evaluación y las características relativas a las capacidades culturales locales y regionales, la conexión entre las artes locales y las actividades culturales, así como los indicadores relativos a los cambios en la proyección, métodos y herramientas de la cooperación cultural a raíz de que una ciudad sea designada Capital Europea de la Cultura.
Notas:
[1] La iniciativa de la “Ciudad Europea de la Cultura”fue lanzada en 1985 por el Consejo de Ministros. Desde entonces, esta iniciativa ha tenido cada vez más éxito en toda Europa y el interés por parte de ciudadanos y visitantes ha ido creciendo. Hasta 2004, las “Ciudades Europeas de la Cultura” se designaban sobre una base gubernamental. En 2005 la ciudad de Cork ( Irlanda) fue la primera ciudad de Europa en ostentar el prestigioso título de Capital Europea de la Cultura. Cada año los estados miembro seleccionaban por unanimidad las ciudades que más posibilidades tenían de albergar el acontecimiento y la Comisión Europea otorgaba una subvención a la ciudad elegida. Desde 2005, las instituciones de la UE empezaron a tomar parte en el proceso de selección de las ciudades que albergarán el acontecimiento.
En 1990, los ministros de Cultura lanzaron el “Mes Europeo de la Cultura”. Este acontecimiento es parecido a la Ciudad Europea de la Cultura, pero dura menos tiempo y está dirigido en especial a países del centro y este de Europa. La CE otorga cada año una subvención para el Mes Cultural Europeo. Sólo las ciudades europeas que forman parte de estados miembro de la UE son elegibles. Sin embargo el Consejo de la Unión Europea puede designar una ciudad de un país que no es miembro de la Unión para un año en concreto si el Consejo aprueba por unanimidad la designación de esa ciudad.
[2] Besson, E. y Sutherland, M., Richards, G., Wilson J., Bianchinni, F.
[3] Myerscough, J., Booth, P. y Boyle, R. (1991-1993).
[4] GiannaLia Cogliandro (2001) “European Cities of Culture for the year 2000. A wealth of urban cultures for celebrating the turn of the century”.
[5] Greg Richards, Erik Hitters y Carlos Fernandes (2002) “Rotterdam and Porto: Cultural Capitals 2001: visitor research”.
[6] Quinn, B. y O’Halloran, E. (2005) “An analysis of Emerging Cultural Legacies”.
[7] Palmer, R. y Richards, G., “European Cultural Capital Report” (2007).
Créditos de las imágenes:
Liverpool, Capital Europea de la Cultura 2008 http://www.liverpool08.com
Luxemburgo, Capital Europea de la Cultura 2007 http://www.mcesr.public.lu
Cork, Capital Europea de la Cultura 2005 http://www.cork2005.ie
Lille, Capital Europea de la Cultura 2004 http://iis22.domicile.fr
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