
Por Marta Pejda, del Centro Democrático para Europa del Este, Varsovia
(septiembre de 2005)
En Bielorrusia hay alrededor de mil organizaciones no gubernamentales. Más de la mitad trabajan en el amplio campo de la cultura y la educación: la mayoría son asociaciones no registradas, centros, iniciativas ciudadanas y clubes o grupos informales. Las organizaciones constituidas cuya principal finalidad es publicar periódicos y revistas están registradas y suelen ser fundaciones.
Como consecuencia de los obstáculos que plantean las autoridades y la ausencia de un apoyo financiero fiable, el tercer sector en Bielorrusia se caracteriza por su poca profesionalidad, inestabilidad y debilidad en comparación con los terceros sectores de otros países. Por otra parte, en los últimos diez años se observa la asistencia de muchos activistas de ONG a cursos y seminarios organizados por organizaciones extranjeras, por lo que ahora hay un grupo de activistas que ha estado recibiendo una formación profesional.
En términos generales, las ONG culturales no tienen una influencia significativa en la situación política o social del país. En el entorno político actual, estas organizaciones no pueden asociarse oficialmente con otros sectores. La mayoría de la gente que se dedica al tercer sector son jóvenes que están empezando su carrera profesional: después de varios años de trabajo voluntario o mal retribuido, tienden a cambiar a un sector diferente (pequeña empresa, principalmente) o emigran a otro país. A veces, especialmente en las provincias, las ONG intentan cooperar con las autoridades locales aunque raramente lo logran por falta de interés de las autoridades, limitaciones legales respecto a las actividades de las organizaciones no registradas, “instrucciones ideológicas” oficiales, etc. Dado que carecen de base material y jurídica para su labor, el impacto de sus actividades es limitado, tanto más cuanto que se les impide el acceso a los medios de comunicación u organizar oficialmente eventos de gran escala.
La distribución de ONG en Bielorrusia refleja en general la “estructura” del país: las organizaciones más fuertes, más activas y estables están situadas en las grandes ciudades (los seis centros regionales), mientras que en las provincias se localiza un gran número de iniciativas pequeñas, informales y a corto plazo. Puesto que la actividad social es mucho mayor en el oeste del país, el número de ONG es menor en las regiones del este.
El principal problema que se plantea para la cultura en Bielorrusia, y también el obstáculo principal para el tercer sector, es la ausencia de ayudas estatales. Es más, las autoridades ejercen una política de monopolio de la cultura y la información y eliminan las manifestaciones independientes de este tipo, por lo que bloquean el acceso a todas las alternativas, sean no gubernamentales o extranjeras. Se discrimina el idioma bielorruso y la cultura nacional bielorrusa, se falsifica la historia del país y se han implantado cursos de “ideología estatal” (es decir, la propaganda del régimen) en todos los centros e institutos de enseñanza secundaria.
De esta situación se derivan dos consecuencias básicas, ambas del agrado de las autoridades. En primer lugar, la privación del acceso a la cultura e información libre e independiente hace que los ciudadanos se sientan acobardados y excluidos, con poco sentimiento de identidad nacional y aislados del contexto europeo más amplio. La población, oprimida y manipulada, en ocasiones puede que ni siquiera considere que esta situación no es normal, y al ser incapaces de salvaguardar sus derechos, se preocupan más por su situación económica y temen cualquier resistencia o protesta. En segundo lugar, la inexistencia de un mercado para la cultura bielorrusa, debido a la ignorancia de la gente respecto a su cultura nacional y a la incapacidad de hablar bien el bielorruso, se traduce en una preferencia por los productos fabricados en Rusia, baratos, populares y de baja calidad. No hay ninguna cultura de masas original bielorrusa que pueda ejercer influencia alguna en la sociedad actual y que infunda en los jóvenes el respeto y amor a su idioma materno y su país. En lugar de eso, las autoridades animan artificialmente los sentimientos pro-soviéticos. De ahí que los bielorrusos expresen a menudo su nostalgia de la Unión Soviética y se consideren “soviéticos”.
Hay varias formas creadas por la Administración para mantener el status quo. Todas las actividades sociales y culturales deben ser registradas oficialmente y requieren permisos, por lo que de esta manera quedan sometidas mayoritariamente a un control no solamente financiero. Los particulares y las ONG que no pueden constituirse como entidades jurídicas deben enfrentarse a numerosos obstáculos para poder llevar a cabo sus actividades culturales: no pueden alquilar oficialmente espacios para eventos; no pueden publicar, distribuir o vender ningún material impreso; no pueden organizar reuniones, etc. Incluso la recepción de material extranjero o de ayuda financiera está estrictamente controlada (es decir, prohibida) por el Estado. Se ordena el cierre de las organizaciones “molestas”(o sea, las que son demasiado independientes).
En esta situación, las organizaciones culturales más activas en Bielorrusia son los institutos culturales extranjeros adscritos a embajadas (por ejemplo, el Goethe-Institut, el Instituto Polaco y los programas culturales de las embajadas de Francia, Suecia e Italia). Al no depender tanto de las autoridades bielorrusas, no corren el riesgo de ser liquidadas. Las organizaciones bielorrusas (sin duda partidistas) deben permanecer en la sombra, no pudiendo promover sus actividades de forma segura a un público más amplio.
A continuación se presentan quince organizaciones no gubernamentales bielorrusas independientes: asociaciones, sociedades y las revistas que publican. Todas llevan funcionando como mínimo tres años y han participado en proyectos internacionales o han establecido contactos profesionales en el extranjero. Han logrado captar la atención de su propia audiencia, son bastante conocidas y, lo más importante, tienen potencial para ejercer una influencia en el ámbito de la cultura y la educación, convirtiéndose en una alternativa a las instituciones oficiales y a los medios de comunicación. Teniendo en cuenta su estabilidad y el éxito de sus actividades, estas ONG pueden recomendarse como socios serios, interesantes y fiables para la realización de programas conjuntos y proyectos internacionales.
Para más información sobre la situación que atraviesa la cultura bielorrusa, lea los siguientes textos de autores bielorrusos:
Andrej Jekadumau
http://www.eedc.org.pl/eng/www/glosy/jekadumau.htm
Ales Ancipienka
http://baj.ru/belkalehium/analityka/eng/access.htm
Alona Areška
http://www.eedc.org.pl/eng/www/biblioteka/3sektor/05_areshka.htm
Volha Kapionkina
http://www.eedc.org.pl/eng/www/biblioteka/3sektor/04_kopyonkina.htm
Vaclau Areška
http://www.eedc.org.pl/eng/www/biblioteka/3sektor/03_areshka.htm
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