
Javier Brun ha sido director del Área de Cultura del Ayuntamiento de Huesca durante 20 años. Además es vicepresidente de la Fundación Interarts y miembro del Comité Ejecutivo de la red europea Pepinières Européenes pour Jeunes Artistes. Fue secretario general del Forum of European Cultural Networks de 1998 a 1999.
Introducción
La primera conclusión a la que se podría llegar sobre la situación del sector cultural español es que la cultura en España está fuertemente descentralizada. Hay un gran número de agentes públicos que trabajan en el sector cultural, dado que las tradicionales competencias del Ministerio de Cultura han sido distribuidas entre los 17 gobiernos de las Comunidades Autónomas. En España, al igual que en muchos otros países, la administración local está cobrando mayor protagonismo en el ámbito cultural, concentrando más del 50% del gasto público total en cultura.
Por otra parte, como la mayoría de las organizaciones no gubernamentales (ONG) dependen en gran medida de la financiación pública, el sector cultural español es bastante diverso. Esta diversidad deriva de varios factores, como la tradición histórica, la situación geopolítica y la distinción entre zonas urbanas y rurales. No obstante, hay algunos elementos comunes que se pueden aplicar a la situación española en su conjunto.
Con el fin de definir el término sector independiente y centrar este análisis en una dirección específica, hemos centrado nuestra atención en las entidades que operan tradicionalmente en el tercer sector, conocido también como el sector no lucrativo. Entre estas entidades cabe mencionar:
·asociaciones culturales,
·fundaciones,
·y cajas de ahorros, una categoría muy importante que es peculiar de España.
En el último estudio realizado sobre este tema a nivel nacional, publicado en 2000, se contabilizaban alrededor de 250.000 entidades sin ánimo de lucro en España. La inmensa mayoría de ellas, es decir 175.000, eran asociaciones. Aproximadamente el 11% de estas entidades trabajaban en el campo de la cultura. Esta cifra representa casi el mismo porcentaje de organizaciones que trabajan en la cooperación y el desarrollo (un sector que normalmente monopolizan las ONG en España). El porcentaje de ONG culturales era mucho más bajo comparado con el del sector de servicios sociales (31%) o el sector de la educación (25%), aunque ligeramente superior a la media del 10% en Europa Occidental.
Estas cifras podrían llevarnos a la conclusión de que el sector independiente es muy importante para la cultura en España. Sin embargo, debemos ser cautelosos porque dentro del propio sector existen muchas diferencias. Personalmente, mi valoración es bastante negativa. En términos generales, las ONG españolas son pequeñas, débiles y requieren mayor profesionalización en términos de gestión cultural o de cooperación internacional. Los organismos públicos españoles no confían en la capacidad de la ONG de acometer proyectos culturales importantes.
Más allá de los datos macroestadísticos, sería conveniente analizar y diferenciar tres categorías extremadamente importantes: las asociaciones culturales, las fundaciones “independientes” y las que dependen de organismos públicos o entidades financieras.
Perspectiva histórica
Para comprender el papel y la situación actual de las asociaciones culturales en España, es necesario analizar la historia reciente del país desde el punto de vista político y social. No hay que olvidar que la Constitución actual data de 1978 y que las primeras elecciones democráticas se celebraron en 1977. Con anterioridad a esta fecha hay que examinar dos fenómenos. Por una parte, la lucha política contra la dictadura de Franco otorgó gran importancia a la cultura. Las asociaciones culturales ofrecían un marco que favoreció el crecimiento de la resistencia al régimen. Como consecuencia, florecieron las asociaciones.
Por otra parte, mientras que en otros países se crearon organismos dedicados a la cultura como una rama política (en Francia, por ejemplo, el escritor André Malraux fue nombrado Ministro de Cultura en 1959), la situación política cultural en España, sobre todo en lo que se refiere al Estado, fue prácticamente inexistente. Hubo que esperar a 1964 para que se otorgara a las asociaciones culturales un marco legal en el que pudieran operar –a pesar de la censura y las prohibiciones por parte del gobierno– y empezaran a desarrollar competencias que en circunstancias normales correspondían a las autoridades públicas.
Esto se aplicaba a todo el país. Sin embargo, en los territorios que no recibieron ningún apoyo cultural de la dictadura, como Cataluña y el País Vasco, existían condiciones particulares –en particular la industrialización, las lenguas regionales y una fuerte identidad regional– que llevaron a la creación de un movimiento asociativo muy poderoso vinculado con la cultura popular tradicional. Este fenómeno tuvo menor intensidad en otras áreas, incluida Madrid (donde el Estado desempeñaba un papel más importante, con todas las condiciones impuestas por la situación política).
Este contexto tuvo un gran impacto en la evolución histórica del sector cultural, así como en la situación actual. Hasta cierta medida, la obsesión durante los años 80 por la construcción de un Estado obligó a las autoridades públicas a adoptar un papel muy activo en la política y administración cultural. El deseo de “un Estado más fuerte y más servicios públicos” condujo a que distintos tipos de instituciones asumieran el papel que antes ocupaba la sociedad civil: los municipios, porque hacía poco tiempo que habían comenzado a prestar servicios a los ciudadanos; y los nuevos gobiernos regionales, porque estaban decididos a legitimar su participación directa en la gestión cultural.
Las instituciones públicas en general designaron para los cargos más importantes los agentes activos del movimiento asociativo, lo que causó la crisis y recesión de las instituciones independientes, que se quedaron sin recursos humanos.
La contradictoria situación actual
Han surgido varios fenómenos paralelos y a veces contradictorios que definen la situación actual.
Algunos sectores más avanzados de izquierdas animaron a la sociedad civil a participar de forma más activa en el desarrollo y en la planificación de las políticas culturales.
Sin embargo, en lo que se refiere a la conducta de las autoridades públicas, resulta llamativo que, salvo algunas excepciones, los partidos de izquierdas tradicionales cercanos al gobierno siempre han sido escépticos respecto al hecho de que las instituciones públicas no supervisaran directamente el funcionamiento de los servicios públicos. Siempre lo han considerado como una forma de privatización.
Es más, cuando han gobernado partidos de la derecha, sea en el gobierno central, en los gobiernos regionales o en la administración local, a menudo ello se traducía en mayor libertad de actuación para el movimiento asociativo. Esto era debido a que utilizaban ciertos métodos más liberales o bien a que existía una laguna que nuevamente había que llenar, porque el sector público cultural se fue debilitando debido a la falta de interés en políticas culturales. (Un ejemplo de ello es la desaparición del Ministerio de Cultura y su transformación en Secretaría de Estado dentro del Ministerio de Educación durante el gobierno del Partido Popular de 1996-2004).
El aumento de la importancia del tercer sector en la cultura en otros países no se llevó a cabo en su totalidad en España. (Piénsese, por ejemplo, en las posibilidades que se ofrecieron a las asociaciones francesas, a través de la Ley francesa de 1901, que regula el papel de las asociaciones como administradores de proyectos con financiación pública.) Cierto abuso del antiguo marco legal –la actual Ley de Asociaciones se aprobó en 2002 y la anterior se aprobó casi 40 años antes– creó una opinión negativa sobre el estatus no lucrativo del sector cultural en relación con los problemas de competencia desleal por cuestiones fiscales (exenciones de IVA, etc.). Además, las organizaciones gubernamentales, en particular los departamentos financieros, mostraban poca confianza en el tercer sector. Muchas de las asociaciones existentes que tuvieron demasiado éxito se vieron obligadas a convertirse en sociedades de responsabilidad limitada para poder seguir colaborando con la administración pública.
Por último, distintos factores hicieron surgir un movimiento de oposición cada vez más extendido. En primer lugar, se desarrolló un modelo de Estado relacional. En segundo lugar, tuvo lugar cierta externalización o distribución de servicios, bien por la necesidad de reducir gastos de personal en los centros culturales bien por el deseo de incrementar la participación y el pluralismo. En tercer lugar, se produjo un cambio en la mentalidad de algunos gobiernos –especialmente a nivel local– vinculado a un partido de izquierdas más moderno. Como consecuencia, existía más motivación para compartir la autoridad y la toma de decisiones con la sociedad civil (no sólo con asociaciones, sino también con fundaciones y otras organizaciones).
Respecto a este punto, no debemos olvidar algunos progresos importantes, como la creación de la Agenda 21 de la Cultura promocionada en Barcelona y Porto Alegre. Esta agenda fue aprobada por 20 ciudades españolas y la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) en 2004. Una de las cuestiones clave de la Agenda 21 es el compromiso de fomentar la participación de la sociedad civil en las políticas culturales.
En Cataluña también hubo un movimiento que creó el Consejo de las Artes de Cataluña ( Consell de les Arts), que este mismo año 2006 cedió más competencias al sector independiente (y al privado también) para planificar e implementar políticas culturales dentro de la Comunidad Autónoma. Y, aunque se limitaron finalmente las competencias del Consejo, sigue representando un primer paso en esta dirección dentro del Estado español.
El papel cada vez más importante de las fundaciones
Aunque las fundaciones representan una tendencia relativamente nueva en nuestro país, se ha producido una rápida expansión en el ámbito cultural.
Según una investigación financiada por la Fundación Marcelino Botín, publicada en 2001, en 1997 existían aproximadamente 5.500 fundaciones de todo tipo en España. En la actualidad, en la base de datos del Registro de Fundaciones Culturales del Ministerio de Cultura y de las Comunidades Autónomas existen aproximadamente 1.400 fundaciones.
En un artículo publicado en 2004, Marta Rey revela algunas tendencias que detectó en el ámbito de las fundaciones españolas.[1] La primera tendencia es la llamativa concentración de casi la mitad de las fundaciones en dos regiones específicas: Cataluña (25%) y Madrid (19,5%). La segunda tendencia que llama la atención es la fase temprana de desarrollo de la mayoría de las fundaciones: una quinta parte se creó en los años 90 y se estima que cada año se constituyen aproximadamente 250 fundaciones nuevas.[2] En tercer lugar, generalmente las fundaciones no disponen de suficiente capital. Sólo el 6% de las fundaciones reciben donaciones iniciales superiores a 600.000 €. Por último, las fundaciones tienen un tamaño relativamente pequeño y el volumen de su presupuesto anual también es reducido: más del 40% de las fundaciones creadas recientemente tienen ingresos anuales inferiores a 60.000 €.
Marta Rey subraya el cambio de paradigma en el sector. Lo llama “el final de la caridad”. En realidad, las fundaciones tradicionalmente financiaban sus actividades mediante sus propios recursos procedentes de un legado. No obstante, ahora siguen otro modelo dominante. Las fundaciones independientes crean un mecanismo para recaudar fondos de empresas privadas, instituciones públicas o entidades financieras, beneficiándose de las nuevas exenciones fiscales.
Existen dos modelos predominantes pero distintos que no pertenecen exclusivamente al ámbito “independiente”:
·Las autoridades públicas, con la finalidad de dar más libertad a sus estructuras, consideran que con la creación de fundaciones como un brazo independiente de sus instituciones ganan en flexibilidad y autonomía para su acción cultural, manteniéndose alejadas de la burocracia institucional. Este es el caso de las fundaciones públicas, creadas para gestionar centros culturales especiales o festivales específicos, por mencionar dos ejemplos habituales.
·Las cajas de ahorros
Merece la pena centrar nuestra atención en las cajas de ahorros, puesto que constituyen una tendencia peculiar de España. Las cajas de ahorros desempeñan un papel cultural significativo en el país y se benefician de un estatuto jurídico particular porque oficialmente no pueden obtener beneficios. Como consecuencia, están obligadas por ley a donar sus beneficios a fines sociales. Casi la mitad de sus beneficios se destinan a actividades culturales. Las cajas de ahorros destinan aproximadamente 480 millones de € a cultura. Esto representa el equivalente de más de un 50% de los gastos del Ministerio de Cultura.[3] Esto lo hacen a través de sus fundaciones o directamente a través de sus organismos (entes sociales o culturales).
En términos generales, las cajas de ahorros organizan sus actividades culturales de una forma bastante tradicional a través de sus departamentos sociales y culturales. Se centran en temas tales como el patrimonio cultural, acciones culturales para niños, exposiciones de arte, etc. Las cajas de ahorros también participan de forma importante en la financiación de proyectos culturales y artísticos del sector independiente. No obstante, a pesar de que la legislación reciente ofrece dos marcos distintos para el patrocinio o la recaudación de fondos,[4] estas instituciones con frecuencia presentan como recaudación de fondos lo que en realidad debería ser calificado como patrocinio.
Organizaciones artísticas
En términos de ONG especializadas o profesionales dedicadas a las artes escénicas, existe un movimiento importante de teatros independientes y alternativos, conocido como Red de Teatros Alternativos. Este movimiento es una voz independiente en un ámbito monopolizado por teatros institucionales o salas comerciales anticuadas dedicadas a vodeviles o comedias musicales.
En el ámbito de las artes plásticas o visuales, existe una asociación de artistas plásticos en cada región, aunque las más importantes son aquéllas cuyas sedes se encuentran en Cataluña o Madrid. (Esta última tiene una importancia decreciente tras un papel importante en los años 90). La mayoría de las galerías en España son comerciales o privadas. No obstante, estamos viendo un desarrollo prometedor a través del Instituto de las Artes, que está reuniendo de forma interdisciplinaria a galerías, artistas, conservadores y críticos a nivel nacional.
Conclusión
Algunas de las instituciones mencionadas en la lista complementaria pertenecen a las dos últimas categorías de fundaciones, o son centros culturales directamente gestionados por ellas. Sin embargo, resulta apropiado incluirlas en esta lista como sector independiente, porque se considera que se benefician de cierta autonomía política y organizativa y porque desde un punto de vista geográfico, a veces son los ejemplos más interesantes dentro de su territorio.
Teniendo en cuenta todos los datos anteriores, podemos hacernos la idea de un sector independiente generalmente frágil que tiene que hacer frente a muchos problemas económicos y que incluye instituciones de reducido tamaño. En conclusión, se trata de un sector muy fragmentado. De las 65.000 asociaciones culturales, sólo el 5% de la población española trabaja en ellas. Como consecuencia, existen pocos casos en los que las organizaciones culturales pueden desempeñar un papel en la cooperación internacional con eficacia y permanencia.
No obstante, la impresión es que se está produciendo un cambio generacional. Los jóvenes que han empezado a formar parte del ámbito cultural en los últimos años no esperan demasiado de las administraciones públicas. Resulta casi imposible trabajar como funcionario en el ámbito de la cultura, puesto que la mayoría de los puestos están cubiertos por personas de generaciones anteriores. La independencia es uno de los mayores deseos de los jóvenes en el sector cultural, quizás por no sentirse realizados, o quizás porque una de las formas más directas de trabajar es hacerlo por uno mismo –a través del autoempleo– en lugar de en la función pública .
Bibliografía
Álvarez, S. et al. La política Cultural en España.
Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Madrid, Abril 2004 [Documento en línea] www.realinstitutoelcano.org/documentos/110/IN040428.pdf
Baltà, J., Delgado, E., Pascual, J. Volunteering and Culture in Catalonia .Kαris Magazine n.11 Ed. Interarts Observatory. Barcelona 2001.
Cabra de Luna, M. A. La Ley de Fundaciones y Mecenazgo, ¿Qué efectos reales tiene para las empresas de gestión cultural?
(I) Público y Privado en la Gestión Cultural. Ed. Xabide Gestión Cultural y Comunicación.(pp. 67-75). Vitoria-Gasteiz Diciembre 2000. ISBN 84-921274-2-2.
Developing cultural strategies and sustainable projects with the third system. The experience of Empiric. Ed. Interarts Observatory. Barcelona, 1998.
Fina Ribó, X. La debilidad de la sociedad civil en el sector cultural.Público y Privado en la Gestión Cultural. Ed. Xabide Gestión Cultural y Comunicación.(pp. 19-30). Vitoria-Gasteiz Diciembre 2000. ISBN 84-921274-2-2.
Puig Picart, T. Centros Cívicos, la república entre asociaciones ciudadanas y administración municipal.I Jornadas sobre Centros Cívicos y Servicios de proximidad. Ed. Xabide Gestión Cultural y Comunicación.(pp. 92-100). Vitoria-Gasteiz 2000. ISBN 84-921274-3-0.
Rey García, M. El panorama real de las fundaciones en España:
¿El fin de la filantropía?
Arte, Empresa y Sociedad:más allá del patrocinio de la cultura. Ed. Xabide Gestión Cultural y Comunicación.(pp. 107-122). Vitoria-Gasteiz 2004. ISBN 84-921274-7-3.
Ruiz Olabuénaga, J. J. et al. El sector no lucrativo en España, Fundación BBV, 2000.
Ruiz Olabuénaga, J. J. El sector no lucrativo en España CIRIEC España.Revista de Economía Pública Social y Cooperativa.Abril n.037 (pp.51-78) Centro Internacional de Investigación Inform.Sobre la economía pública Social y Cooperativa.Valencia, España. 2001. ISSN 0213-8093 (versión impresa) [documento en línea] http://revistascidec.uv.es/index.php?id_pagina=7&id_revista=16 [última visita: 19/09/06].
[1]Rey García, M. 2004. Rey García, M. El panorama real de las fundaciones en España: ¿El fin de la filantropía? Arte, Empresa y Sociedad: más allá del patrocinio de la cultura. Ed. Xabide Gestión Cultural y Comunicación, 2004.
[2]Cabra de Luna, M.A. La Ley de Fundaciones y Mecenazgo, ¿Qué efectos reales tiene para las empresas de gestión cultural? (I) Público y Privado en la Gestión Cultural, 2000.
[3]Álvarez, S. et al. La política Cultural en España. Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos. Madrid, abril de 2004.
[4]Publicidad General y Recaudación de Fondos, Ley 49/2002.
LabforCulture es una iniciativa de la European Cultural Foundation. LabforCulture agradece el apoyo de sus financiadores.