
Enero 2009
Helmut Anheier
La ralentización económica actual, provocada por la crisis financiera, está íntimamente relacionada con la incapacidad de gobiernos e instituciones internacionales de tratar lo que los expertos denominan los “problemas de gobernabilidad global”, es decir, el creciente desequilibrio entre las fuerzas de la globalización (mayormente financieras) y la capacidad de los gobiernos de dirigir y reglamentar. Este problema queda plasmado no sólo en la misma crisis, sino también en las respuestas a menudo desafortunadas en asuntos políticos clave: no hay ningún gobierno nacional ni ninguna institución internacional, incluyendo la Unión Europea, que sea capaz de tratar las debilidades de la economía global. A menos que los fallos sistémicos de gobernabilidad se resuelvan con políticas e instituciones que tomen en consideración de forma adecuada los retos de una economía globalizada y de los mercados financieros globales, la respuesta gubernamental permanecerá centrada en gestionar su imagen política en el peor de los casos y en “curar los síntomas” en el mejor.
Imagen: Financial Crisis Mural in SoHo de bbusby
A otro nivel, se puede hacer mucho más, no en el sentido de temas globales o macro mencionados anteriormente, sino en términos de política proactiva y de respuestas por parte de los responsables para y en nombre de los dones filantrópicos y las organizaciones culturales sin ánimo de lucro. Este nivel, y qué significa para las organizaciones sin ánimo de lucro, es el objetivo principal de este artículo. Sin embargo, antes de profundizar en las opciones, hay dos puntos previos que vale la pena destacar.
En primer lugar, en el sector de las artes y la cultura –y en el sector sin ánimo de lucro en general– existe muy poco interés por los orígenes de la crisis actual (por ejemplo, los mercados financieros que estaban más allá del control de los políticos y líderes empresariales). Más bien el sector se centra casi exclusivamente en abordar las consecuencias inmediatas, con cierta energía dedicada a desarrollar estrategias para sobrevivir a medio y largo plazo.
En segundo lugar, resulta igualmente importante separar lo que podría haber sucedido de todas formas y lo que ha pasado de más, más temprano que tarde o de forma más grave, por culpa de la crisis.
Está claro que, mientras no podamos predecir el futuro, podremos extrapolar de forma razonable ciertas tendencias a partir de lo acontecido en el ámbito de las artes y la cultura en los últimos diez años. Algunas de estas tendencias son:
Qué significa todo ello es más que una cuestión retórica por el simple motivo que estas tendencias siguen, aunque en el contexto de una crisis. Para empezar, transferir modelos entre organizaciones sin ánimo de lucro y empresas habría sido más frecuente en mercados casi regulados (sanidad, servicios sociales), como lo habrían sido las conversiones de instituciones públicas en privadas (educación, cultura). En otras palabras, muchas organizaciones habrían cambiado y muchas organizaciones sin ánimo de lucro se hubieran convertido en algo más parecido a una empresa, mientras que muchas instituciones publicas hubieran pasado a ser más privadas.
A su vez, esto hubiera conllevado feroces y prolongados debates: sobre la estructura correcta de ingresos de las organizaciones sin ánimo de lucro y la combinación optima de ingresos obtenidos, fondos públicos y donativos privados, incluyendo subvenciones; sobre la gestión de bienes y las políticas de adquisición; sobre las barreras de salida y entrada o reentrada de donantes y receptores; sobre la implicación de las partes (artista, consumidor, cliente, miembro, financiador, personal, público en general, etc.), y sobre el control profesional sobre la misión y las operaciones así como el papel de la dirección.
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