
Los cambios en la sociedad y en la política a nivel internacional están afectando a la cooperación cultural en Europa.Algunas de estas tendencias conducen a una reorientación del alcance y la forma de las políticas y los programas oficiales de los gobiernos nacionales y de sus instituciones culturales.
Por una parte, ha disminuido la importancia atribuida a los programas culturales bilaterales, particularmente dentro de Europa.La financiación pública se está destinando ahora a eventos internacionales, años temáticos y aniversarios.La mayoría de ellos tiene un elevado carácter político o está vinculada con el turismo cultural.
Por otra parte, una definición más amplia de la cultura está influyendo en el contenido de los proyectos de cooperación cultural.Se ha producido un cambio en relación con los intercambios de artistas o los proyectos culturales tradicionalmente financiados unilateral o bilateralmente.
Las organizaciones no gubernamentales, las redes, las fundaciones o las asociaciones (sea entre o con organismos públicos locales o regionales) desempeñan un papel cada vez más dominante en la cooperación cultural europea.Estos nuevos actores están abordando o intentando superar diversos retos, incluyendo:la escasez de recursos; los obstáculos a la movilidad; la información o el conocimiento de las oportunidades; las barreras lingüísticas; las barreras mentales y los estereotipos.En este contexto, recogen y distribuyen información sobre oportunidades de cooperación cultural, identifican socios potenciales, organizan talleres de formación, presentan informes sobre proyectos positivos de cooperación y apoyan festivales y exposiciones comunes.
Los programas de la UE, especialmente Cultura 2000, han sido una importante fuente de apoyo a las organizaciones que están preparadas para actuar dentro de un espacio cultural europeo más amplio.Los problemas detectados guardan mayor relación con la sostenibilidad de las asociaciones.Otro problema es la falta de verdadero interés en abordar verdaderos retos transnacionales, cooperativos o interactivos.Algunos operadores no están realmente preparados para estos retos, a causa de las barreras lingüísticas o de su capacidad de gestión.Con frecuencia, se observa una “cooperación forzada” con los socios extranjeros dirigida principalmente a la obtención de recursos de la UE que los organismos públicos nacionales han dejado de proveer.
En la actualidad no existe igualdad de condiciones para quienes, procedentes del Oeste y del Este de Europa, desean participar en la cooperación cultural europea transnacional.Las estrategias políticas, los recursos y los marcos legislativos relativos a la cooperación cultural se encuentran todavía en una fase muy incipiente.En los países de Europa central y del Este se están produciendo debates sobre los aspectos éticos “ignorados” de la cooperación cultural y el peligro de adoptar un “modelo puramente occidental”.
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